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Relatos estilo Mundodisco

 
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Masterblaster
Euskominion



Registrado: 31 Mar 2008
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MensajePublicado: Mie Jul 30, 2008 1:59 pm    Asunto: Relatos estilo Mundodisco Responder citando

- ¿Diosa? – la vocecita rebotó tímidamente por el éter - ¿Estáis ahí?

Bien. La verdad es que resulta algo más que incómodo. Suponte estar intentando entrar en comunión con tu Diosa y resulta que… bueno. Sencillamente no contesta.

- ¿Diosa? Perdonad que os moleste pero realmente necesito que me prestéis un poco de atención. – la vocecita se arrepintió de su atrevimiento – Quiero decir, si no estáis muy ocupada.

La cosa no pintaba del todo bien, porque claro ¿qué otra cosa tiene que hacer una Diosa a parte de… bueno, ser Diosa? La vocecita se rascó – metafóricamente hablando - la cabeza. Quiero decir, que los Dioses y Diosas no se iban a descansar a un palacete a un lago, o se retiraban a sus mansiones para pasarse el día organizando bailes y jugando a las cartas. En fin, por intentarlo podría intentarlo una vez más si...

- Veréis, en realidad lo siento pero…
- ¡¿Pero qué?!

La arrolladora voz de la Diosa tronó a lo largo del infinito. La pequeña vocecita se escondió tímida tras un montón de protomateria, posiblemente el futuro de una nueva idea abstracta que algún artista de tendencias autodestructivas tendría un día de estos.

- No estoy cabreada – sentenció la Diosa – Puedes salir de ahí.
- Sí, mi Diosa. – la vocecita salió tímidamente detrás de su improvisado refugio y trató de arreglarse.

La Diosa no entendía todavía muy bien el problema que tenían las vocecitas. O sea quiero decir, el caso es que la mayoría de las veces son las vocecitas las que la llamaban a ella. Normalmente millares de ellas simultáneamente, y siempre las escuchaba. Como mínimo. Claro que es lo que pasa siempre. Al final no puedes pararte a hablar con todo el mundo. Por eso hacía un filtrado. Sólo respondía a las vocecitas que se eran de las suyas. Al fin y al cabo, por algún punto hay que cortar, ¿no? Entonces… ¿por qué sus vocecitas se asustaban cuando las respondía?

- Bueno, venga. No tengo todo el día. ¿Qué pasa?
- Mi… mi Diosa. Veréis, os llamo por el Ritual del Despertar. El próximo Solsticio de Invierno queda ya cerca, y aún no hemos recibido vuestros augurios.
- ¿Ya? ¿Tan pronto?

En realidad era un fastidio. Todos los años las vocecitas venían a preguntarle sobre nuevas profecías. Y lo que ocurría era que… una al final ya no sabía lo que inventarse. Es decir. Para una Diosa un año mortal no significa nada, pero para una vocecita un año era un montón de tiempo. ¿Y si no ocurriría nada el año próximo? Siempre estaba el viejo truco de ‘este año las cosechas serán buenas’ u otra cosa parecida. A las vocecitas les encantaba saber que todo iría mejor que el año anterior, aunque en realidad fuese un año igual de malo. O de bueno. Y si era peor ¿qué hacían? Darla gracias por haberles protegido de un año malo. Las vocecitas eran muy raras.

- Este… bueno, es verdad. Es que he andado un poco ocupada.
- ¿Ocupada mi Diosa? – preguntó humildemente la vocecita
- Sí este… ya sabes. – La Diosa hizo unos raros ademanes - … cosas de Dioses y eso.
- ¡Claro mi Diosa, por supuesto! – la vocecita se postró humildemente – Pero veréis, el caso es que tenemos una ligera prisa porque…
- ¡Prisas, prisas! Voy a tener que dictar un nuevo precepto: “las prisas son malas”. Que alguien se invente una parábola y lo apunte en alguno de los libros sagrados. Pero con más literatura. Y que le pongan muchos dibujitos al margen para que quede claro que es importante.
- Sí mi Diosa – contestó obediente la vocecita
- Que se encargue Haghen – a la Diosa la gustaba hacerse la mandona – Y que se haga una ceremonia especial y todo eso.
- ¡Hu…! ¿Señora? – la vocecita vaciló
- ¿Sí?
- Haghen de Maldûr murió hace casi un siglo…

La Diosa se quedó mirando a la vocecita y por un momento no supo qué contestar.

- ¡Ains…! Vale, vale. Pues el que sea. Pero busca a uno que sea bueno.
- ¡Por supuesto, mi Diosa! – la vocecita entonces adoptó un aire inocente – Y respecto a las profecías…
- Sí, sí… ahora va.

La Diosa se concentró frunciendo el ceño con fuerza. Metafóricamente hablando, claro. Es muy difícil fruncir el ceño cuando eres un Entidad Cósmica con esencia Divina.

- ¡Oh mierda! – la Diosa prolongo la frase para dejar constancia de ella.
- ¿Qué? ¿Qué? ¿Qué? – la vocecita estaba asustada
- ¡Hu…! Menudo marrón. Este… quiero decir. ¡Ejém! “las cosechas este año serán buenas”.

¿Habéis visto alguna vez a un Dios disimular? No, ¿verdad? Pues no es que se les dé muy bien. Salvo al Dios de las Mentiras, pero ese no es el caso.

- Con todo el respeto, Diosa… pero… - murmuró la vocecita
- Nada, nada. No ha colado, ¿eh?
- Pues… es que…
- Tranqui. Veamos, este solsticio va a nacer un Elegido.
- ¿Un Elegido? ¿A estas alturas del invento?
- Pues ya ves… hay cosas que ni siquiera los Dioses controlan y todo eso.
- ¿Y qué demonios vamos a hacer con un Elegido? – preguntó irritada la vocecita
- ¡¿Y yo qué sé?! – contestó airada la Diosa – Os fastidiáis como yo. No sabes el coñazo que es tener un Elegido del Destino. No hacen más que ir por ahí gritando y haciendo gestas. Eso si no me sale rollo Inquisidor y le da por montar cruzadas anti-lo que sea y dejan mi reputación por los suelos. Recuerda lo que pasó cuando lo del asuntillo ese de la Caída del Imperio Dainjhandy.
- ¿Os referís al Santo Andletón? ¿El Martillo de Herejes?
- Sí ese. ¿Quién le mandaría derribar un Imperio? Para cuando me enteré ya había arrasado medio continente. Tuve que aguantar las miradas de reproche de los demás Dioses durante siglos. ¡Oyes! ¡Que me llamaron facha y todo! – La Diosa bufó de forma poco elegante
- Pues las Escrituras dicen que fuisteis vos quien le inspiró para…
- ¡Y una mierda! ¿Para qué voy a querer yo cargarme un imperio?

La vocecita no sabía qué contestar a eso. Pero pensó que quizás debería haber escuchado un poco más en sus clases de Teología.

- A todo esto. ¿Quién eres tú? – preguntó la Diosa
- Soy Arth, el monaguillo del Sumo Patriarca. Es que el pobre está ocupado con eso de preparar la ceremonia y me ha dicho que…
- ¡Ah! Eres novato entonces, ya decía yo. Nada chico, no te asustes – la Diosa sonrió – Tú coméntaselo al Patriarca, pero asegúrate de que suene críptico y solemne. Algo al menos.
- Sí, mi Diosa.
- Para la próxima llámame Alae.
- ¿Perdón? – la vocecita se mostró sorprendida
- “Diosa” se oye mucho por aquí y todo eso. ¿Cómo quieres que sepa que me llamabas a mí?
- Hu… sí claro, lógico – la vocecita estaba confusa.
- Bueno, pues nada. Hasta otra.
- … hasta luego, Diosa.

La Diosa se movió a través de los Paraísos Celestiales y cogió la jarra de ambrosía. La vació de un largo trago e hizo gestos al camarero para que le trajese la cuenta.

- ¿Qué pasa? – preguntó la Diosa de la Fertilidad - ¿Trabajo?
- Pues sí chica. Me acaba de tocar un Elegido.
- ¡No jodas! – y rompió a reír – Te dije que no cogieses.
- Ya, ya… bueno me piro. He de ir a ver cómo salgo de esta mierda.
- Vale. No vemos. ¿Vendrás mañana a ver el piso de Mylse?
- No sé. Te llamo. Hasta luego.



El Ritual del Despertar. Sonaba increíblemente místico y sobrecogedor, ¿verdad? Bueno, en realidad para Arth no era más que una de esas veces que tienes que ir al templo y no puedes escaquearte. Vamos, vamos. Tienes catorce años y no tienes nada mejor que hacer que ir a juntarte con tres docenas de viejos en medio de un prado para cantarle cuatro tonterías a unas piedras ¿verdad?. “Toda esa gente es un coñazo. No quiero ir.” Se frotó la mejilla. Aún podía sentir el bofetón que le había soltado su abuela por impertinente. Así que no le quedó más que hacer de tripas corazón y apresurar el paso por el estrecho camino hacia la colina. Menos mal que alguien que tenía algún pecadillo que limpiar – posiblemente Johan el carretero - había abierto el camino hasta el círculo de piedras. Aunque bien pensado podía haberse ahorrado el esfuerzo. Sin embargo ese día no estaba para preocuparse por eso. Aún le preocupaba haber escuchado a la Diosa. Sencillamente le había dicho el Sumo Patriarca que fuese a rezar un rato a la capital anexa y que le pidiese un favorcillo a la Diosa. Y le había contestado. Es decir… normalmente cuando hablas con los Dioses te conviertes algo así como en alguien superespecial, ¿no? ¿O acaso los clérigos hablan con la Diosa todos los días? A Arth no le atraía esa idea. Él no quería ser clérigo. De hecho odiaba hasta ser el monaguillo. A demás se sentía muy mal por haber molestado a la Diosa por una tontería así. Siguió avanzando por la nieve camino del lugar de la ceremonia sumido en sus pensamientos, sin advertir que estaba siendo observado atentamente por una maléfica presencia.



- ¡Muhahahahahahahha!

Las perversas carcajadas retumbaron por todo el Inframundo mientras Azazel, el Dios Infernal de los Demonios del Séptimo Circulo de Más Allá del Palio, se regocijaba ante lo que parecía una presa fácil en su maquiavélico plan para derribar los Cielos. Sin embargo, a vistas de que nadie respondía a su espectacular despliegue de efectos especiales, se quedó un poco cortado. “Maldita tele” pensó “Por algo he prohibido que den ese maldito chisme a los mortales”. Suspiró “Les vuelve tontos, pero tan tontos que no hay manera ni de pervertirles ¡Y yo tengo un trabajo que hacer!”. Se levantó de su sillón y salió de de su pequeño despachito. Miró por el pasillo y se encontró con que no había nadie cerca. “¡Mierda!. Encima resulta que hoy es la final y todos esos cabrones han pillado el día libre o se han escaqueado. Así no hay manera de…” En ese momento se fijó en que algo se movía en el sofá.

- ¡Khalys! – gritó con una potente y profunda voz - ¡Póstrate ante mi maléfica presencia!

La susodicha Khalys era quizás la Demonio más inútil de cuantas han existido en el Averno. A veces Azazel se preguntaba por qué demonios le había admitido en plantilla. Era la última vez que hacía caso a su madre, y la última vez que hacía un favor a una amiga suya.

- ¿MMMmmmMmmMmmMMmmmmm? – Khalys se desperezó - ¿qué pasa?

Khalys era la desgracia de todo corruptor de almas que se precie. Era una Súcubo, un Demonio de la Lujuria, y se suponía que su objetivo era tentar y arruinar la vida de los mortales. Por eso poseía una belleza sobrenatural, un encanto arrebatador y una facilidad increíble para leer los corazones humanos. Y un globo de aire por cerebro. Así que, la pequeña demonio agitó sus negras alitas, se estiró como un gatito (que monada, la verdad) y bostezó de forma encantadora.

- ¡Bueno días jefe! – se frotó los ojos - ¿Ya es la hora del desayuno?
- ¿Desayuno? ¡Mueve el culo ahora mismo a mi despacho!

Khalys siguió a Azazel a su pequeño despacho algo abatida y se quedó de pie mirando al suelo. ¿Por qué era tan violento con ella? Se esforzaba todo lo que podía, ¿no? No tenía la culpa si a veces se le caía el café, o si perdía los informes, o si cogía mal los recados, o…

- Veamos, Khalys. ¿Cuánto llevas en esta empresa? – Azazel se sentó en su enorme sillón dándose aires de Gran Jefazo.
- Pueeeeeees… cinco siglos. Creo. – respondió inocentemente
- ¿Y cuántas almas has llevado a su Perdición? Deja que consulte mis informes – Azazel fingió revisar unos informes sobre el consumo de material de oficina del último trimestre - ¡Oh vaya! ¡Es increíble!
- ¿En serio? ¡Gracias jefe!
- ¡Digo que es increíble que no hayas conseguido NINGUNA!
- ¡Ains! – Khalys se quedó mirando sorprendida a Azazel.
- Pero eso tiene solución. Te acabo de ascender desde este instante. A partir de ahora eres Tentadora de Almas en prácticas. Y tengo una misión para ti.
- ¡Woooooooooooooooooooooooooooooo! - Khalys dio saltitos y aplaudió - ¡¿En serio?!
- ¡Claro que sí!
- ¿Eso significará que me subirá el sueldo?
- No, ni hablar de eso. Es cosa del convenio, ya sabes. El caso es que quiero que busques al mortal llamado Arth. Es el encargado de llevar a cabo una ceremonia en Casacolina. Parece ser que va a nacer un Elegido y él sabe dónde. Quiero que le seduzcas y se pase a nuestro lado. ¿Estamos?
- ¡Sí jefe!
- Y después de eso, encontrarás al Elegido.
- ¡Sí jefe!
- Y entonces le secuestrarás.
- ¡Sí jefe!
- ¿Y ya sabes lo que tienes que hacer con él, verdad?
- ¿Hu?
- ¡Matarlo, cabeza hueca! El Elegido es un Paladín elegido por los Cielos Celestiales, ¿no? – Azazel empezaba a cabrearse
- ¡Claro, claro! Je, je, je…

Así que Khalys salió rauda de la oficina de su jefe, y se perdió por el pasillo. ¡Al fin una oportunidad de destacar! Llevaba mucho tiempo siendo la chica de los cafés. ¡Ahora ella también podría contar chismes durante la hora del bocata! Muhahahahahahaha… la risa infantil de Khalys hizo que Azazel se arrepintiera, por un momento, de lo que acababa de hacer.




¡Menudo rollo! El Sumo Patriarca se había puesto a largar un sermón largísimo a todos los feligreses. ¿Por qué a cuanto más viejos son más hablan? Porque vamos. No había nadie escuchando. Ni siquiera los demás Grandes Patriarcas le escuchaban. Al principio, en cuando presintió a la Diosa en la ceremonia se puso nervioso y prestó mucha, mucha atención. “Ser buenos”. Claro, claro. “Porque las Escrituras no-se-qué”. ¡Oh, sí, estoy de acuerdo! Pero luego no pudo sino emitir un largo y sonoro bostezo. Le sorprendió que la Diosa también bostezase. Esto es, quiero decir. Una especie de bostezo estilo metafísico. Luego la Diosa se puso a susurrar. “Menudo truño” decía. Era como cuando iba con su hermana pequeña al templo. “A ver si acaba de una vez”. Entonces se puso a hacer ruiditos. Bueno. Primero se puso a silbar. ¿Cómo podría explicarlo? Era como escuchar la Sinfonía Incompleta tocada por la mejor orquesta del mundo con varios miles de ángeles haciendo los coros. Se quedó embobado y perdió el hilo, lo que hizo que se ganara un capón por no entregar las ramas de laurel a tiempo. ¡Y la Diosa se rió por lo bajini! Luego, en mitad del sermón, empezó a oír un ruido extraño y un rumiar bastante molesto. Al volver la mirada – metafísicamente de nuevo – se encontró con que la Diosa estaba comiendo unas patatas fritas. “¿Quieres?” le dijo. No pudo evitar sentir un poco de vergüenza.

Arth dio la vuelta a la curva junto al gran roble cuando de repente sintió que algo se movía entre los matorrales. Se acercó extrañado, con cuidado, no vaya a ser que fuese algún zorro o alguna alimaña del bosque. Pero no. Tirada en medio del campo había una figura temblando de frío. Era una chica joven, de pelo rubio y piel blanca como la nieve en la que estaba acurrucada. Iba vestida con un extraño traje de correas de cuero negro y lo más peculiar era, por supuesto, las dos enormes alas negras que nacían de su espalda. Arth arqueó la ceja, colocó de nuevo el matorral en su sitio y siguió caminando. “¿Cuándo se ha convertido mi vida en una comedia?” pensó. Sin embargo, una ráfaga de viento helado le hizo cambiar de opinión, se dio la vuelta. “¿Por qué a mí?” se decía continuamente “¿Por qué a mí?”




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MensajePublicado: Jue Jul 31, 2008 12:46 am    Asunto: Responder citando

Ale

aqui os dejo el juego de rol de Mundodisco


Completamente gratuito


http://www.demoniosonriente.com/pageID_5158401.html



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