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Relato Corto: Mago la Ascensión

 
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Masterblaster
Euskominion



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MensajePublicado: Lun May 26, 2008 2:14 pm    Asunto: Relato Corto: Mago la Ascensión Responder citando

Buceando entre viejos relatos encontré este sobre Mago. A ver si os gusta...





Con un crujido de roca triturada, la enorme torre gótica comenzó a inclinarse en un ángulo imposible, hasta que de repente, se partió y cayó contra el suelo con violencia lanzando cascotes, tierra y polvo en todas direcciones. Los gigantescos edificios a su alrededor temblaron con estrépito y sus muros se agrietaron, pero permanecieron en pie impasibles a la destrucción que les rodeaba. En seguida se disipó la nube de polvo sin embargo, y el lugar de la gigantesca torre fue ocupado con rapidez por un enorme rascacielos que creció a velocidad increíble ante sus atónitos ojos. Primero brotaron y se estiraron los pilares, luego las paredes exteriores, hasta que en cuestión de minutos las cristaleras del nuevo edificio brillaban bajo la insulsa luz del estéril sol.

- ¡La Jungla de Asfalto! – espetó – Y eso que me había jurado que jamás volvería a entrar en una puñetera metáfora.

Cerró con el pie la tapa de la alcantarilla por la que había salido, y se puso a caminar por el callejón camino de ninguna parte en especial. Bueno, podía haber ido a parar a sitios mucho peores. La Jungla de Asfalto no era ni mucho menos mejor o peor de lo que podía ser, por ejemplo, el Reino de las Pesadillas Infantiles, Extravagancia o El Río del Lenguaje. Simplemente había que asimilar las reglas que movían el Reino y adecuarse a ellas. Por fortuna, ya había visitado antes el sitio, así que podría cruzar rápidamente y sin peligro la mayor parte del trayecto. Bastaba con entender los símiles. Siguió por el angosto callejón hasta que llegó a una calle más ancha. Era algo así como una avenida de cuatro carriles, llena de vehículos y una masa de gente caminando en ambas direcciones.

- Como esto, por ejemplo. Un puñetero río. Lleno de cocodrilos.

Buscó con la mirada hasta encontrar una cola de gente que viajaba en la dirección que deseaba él, y de un salto se coló entre ellos. Se movió deprisa, manteniendo el paso de los demás caminantes, sabedor que caerse o no amoldarse a ellos implicaba se arrastrado o pisoteado sin misericordia. También puso especial cuidado en no mirar a los coches que circulaban a su lado por el asfalto. Si les provocabas, podían lanzarse encima de ti y atacarte. Los coches eran muy voraces, y de todos ellos los taxis amarillos los peores.

Siguió un rato el flujo de gente hasta que llegó a un parque. Eran como islas, literalmente. La marea de gente al llegar a ellas hacía como todo buen río frente a una colina: la rodeaba. En cuanto tuvo oportunidad, entró en él de un salto y se puso a caminar por el césped, lo cuál era de agradecer. Los sonidos del parque eran radicalmente distintos al ruido de claxons y demás jarana de la ciudad, pero al igual que éstos nunca cesaban. A demás aquí había poca gente, la mayoría nada más que salpicaduras del flujo de gente de las calles que se quedaba dando vueltas al azar. Otros eran más curiosos, como los lanzadores de palos de los perros. ¿Por qué demonios lanzan palos a los perros continuamente? Buscó un lugar despejado de domingueros – unos horribles y sonrientes individuos empeñados en representar un remake cutre de La Casa de la Pradera – y se sentó.

- No soporto a los Anónimos, en serio – dijo a nadie en especial – No aguanto que nos reflejen tan bien.

Tenía que esperar un buen rato, así que se dedicó a distraerse viendo las insulsas e insípidas vidas que representaban los anónimos. Hasta contó las mujeres que veía haciendo footing en un vano intento de escapar de la aplastante monotonía de la ciudad, pero casi se cae dormido. Afortunadamente, la noche cayó rápida y bruscamente, tal y como esperaba. De repente todo estaba oscuro, las luces escaseaban, y todo estaba rodeado de ruidos oscuros y extraños. Las anteriormente limpias calles estaban llenas de basura, y los muros se llenaban de pintadas amenazantes. El insulso castillo donde jugaban los niños estaba ocupado ahora por sombras amenazadoras, y donde había antes gente había ahora Delincuentes, los reflejos metafóricos de los peligros que pululan por los callejones oscuros por la noche.

- Bueno. Ahora es cuestión de no ir por debajo de los puentes, callejones sin iluminación y parques oscuros.

Caminó deprisa y sin mirar atrás. Al fondo escuchó a una mujer gritar, más allá vio llorar a una Niña Perdida (con osito y todo, qué monada), y se sintió seguido por Los Pandilleros, los reflejos de los miedos de cualquier paseante nocturno. Sabía que tenía que ignorarlos a todos, que no le quedaba mucho tiempo. Así que se acercó al pequeño lago del parque, a sus aguas oscuras y sucias, y sacó su amuleto.

- Mientras no me salga un Chtulhu...

Sonrió con sorna. La verdad es que la atmósfera era perfecta para el caso. Murmuró unas palabras y dejó que el amuleto tocase el agua. Al momento el agua resplandeció con un brillo dorado que se apagó tan rápido como vino. Y entonces saltó. El agua estaba heladora, pero era la única salida fiable que conocía. En cuanto se sumergió completamente en la oscuridad, sintió como abandonaba el Reino y era catapultado a través de su pericarpio al exterior.

- ¡Agh! – escupió agua sucia con una mueca de asco - ¡La última vez que uso la puerta trasera de ningún sitio!

Se encontró flotando en la nada, el Vacío entre Mundos. Más abajo, por decirlo de alguna manera, estaba el Reino de la Jungla de Asfalto, una enorme ciudad donde los edificios crecían y florecían durante el día, los ríos estaban formados por gente y acechaban terribles depredadores como los coches, camiones y taxistas.

- Bueno, genial. ¿Y ahora qué?






Masterblaster


P.D.: Si alguien no lo pilla, es un pequeño viaje por la Umbra, a un Reino que pulula por allí



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tetsuo
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MensajePublicado: Lun May 26, 2008 8:22 pm    Asunto: Responder citando

Mola mucho, ¿es tuyo?



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Masterblaster
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MensajePublicado: Jue May 29, 2008 12:55 pm    Asunto: Responder citando

¿?

XDDDDDDDD Ya dije que lo perdí por ahí y lo encontré hace poco XDDDDDD

¿Por?



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tetsuo
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MensajePublicado: Dom Jun 01, 2008 8:14 pm    Asunto: Responder citando

Sin más, por mera curiosidad y porque me gusta.



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MensajePublicado: Dom Jun 01, 2008 10:54 pm    Asunto: Responder citando

Se... lo escribí yo.



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Masterblaster
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MensajePublicado: Dom Jun 01, 2008 10:56 pm    Asunto: Responder citando

Tengo este otro.

De forma un tanto brusca, el pericarpio que cubría el pequeño mundo se rasgó y las dos sinuosas figuras entraron con un andar cansado en él. El pequeño mundo era realmente peculiar. Un enorme erial de arena arrastrada por la brisa y de un cielo negro como el azabache en el que parpadeaban perezosas unas cuantas solitarias estrellas. Al fondo, en el horizonte, se levantaban unos extraños monumentos y unas ruinas olvidadas tiempo a, que pese al inexorable paso del tiempo sugerían un glorioso pasado. Anduvieron unos metros por la arena dejando tras de sí unas profundas huellas que poco a poco volvían a ser cubiertas de nuevo por la constante brisa del desierto, hasta que subieron la suave ladera de una blanca duna. Desde allí vislumbraron los restos de una peculiar construcción, una colosal estatua de una criatura antropomórfica con cabeza de halcón, que sostenía un colosal ank en su brazo izquierdo. Y justo detrás de la estatua se alzaban unas largas columnas, mudos testigos de una época remota de maravillas sin fin. Las dos figuras se detuvieron a contemplar las ruinas mientras la cálida brisa del viento susurraba a su alrededor.

- Me dijiste que todo tiene un significado retorcido, Helen.

Había sonado como una queja. La figura ataviada con unos vaqueros, camiseta raída de un semidesconocido grupo de heavy metal y una chupa de cuero se sentó en la arena resoplando y trató de quitarse la arena de sus pesadas botas militares.

- Aquí sólo veo un montón de ruinas. Quiero decir, veo los signos, lo que quiere decir. Pero me parecen un montón de ruinas, nada más.

La otra figura suspiró enfadada y cerró su pequeña sombrilla. Por fin, se levantó con delicadeza la falda y se sentó junto a él. No pudo ocultar una sonrisa. Le parecía imposible que alguien pudiese sentarse con un corsé tan ajustado como el que llevaba.

- Esto que ves, mi querido y estúpido alumno, es el motivo por el que te he traído aquí.

- ¡Oh vamos! Eso ya lo sé, joder.

Helen le lanzó una penetrante mirada de desaprobación, pero parecía más interesada en la lección de hoy que en sus modales.

- Ya sé que tú crees saberlo todo. Siempre lo sabes todo. Todo es muy fácil, todo lo aprendes deprisa y no quieres pararte a pensar en las consecuencias. Pues bien muchacho. Eso de ahí abajo son consecuencias. Consecuencias puras y duras. Ni buenas ni malas, simplemente consecuencias.

- ¿Consecuencias? – se sentía incómodo hablando de cosas tan abstractas - ¿Quieres decir que es algo que alguien hizo mal y dejó todo en ruinas?

- ¡Por el amor de Dios Todopoderoso! – Helen golpeó su despeinada cabeza con el mango de la sombrilla – Te he dicho mil veces que tienes que mirar más allá. ¡Nunca es nada tan evidente!

Su pobre alumno se frotó la cabeza mientras se callaba una maldición. Había que reconocer que la vieja le sacaba de quicio, sus anacrónicos convencionalismos y su forma absolutamente insultante de comportarse con él. ¡Por Dios! Había veces que creía que la habían sacado de una de esas películas viejas. No importaba lo joven que aparentase ser: esa arpía debía superar con creces el siglo y medio. Sin embargo se molestó en inspeccionar con más detenimiento la enorme estatua, y entonces lo vio.

- ¡Coño! – se le escapó - ¡Hay un tío ahí abajo!

- ¡Jovencito! No sé qué voy a hacer contigo. – gruñó un poco – Pero andas en lo cierto. ¿Qué más puedes decirme?

- Pues… es un tío un poco raro. Está ahí sentado en esa especie de silla, abotargado, mirando a la nada. Lleva ropa de tu… o sea… de tu siglo. Ya me entiendes. Y está cubierto de arena. O algo así. ¡Yo qué sé!

- ¡Bondad graciosa! – Helen dio unas educadas palmadas con sus enguantadas manos – Es la mejor descripción que me han hecho nunca hecha de la peor forma posible.

- Bueno, hum… gracias.

- No era un halago, querido. – Helen miró hacia las ruinas – Pero entremos en materia. ¿Sabes quién es y por qué está ahí?

- Pues claro que no.

- Está ahí porque alcanzó el poder y el conocimiento absoluto sobre todas las cosas. – Helen se permitió sonreír, y añadió – Porque lo consiguió todo.

Su confuso alumno supuso por un momento que su maestra le estaba tomando el pelo. Cuando él mismo empezó a descubrir hace tiempo sus propias habilidades se asustó, pero poco a poco se sintió frustrado por las propias limitaciones que su maestra le imponían. Y a menudo luchaba contra ellas, y se sentía capaz de todo. Bueno, de todo aún no, pero con el tiempo podría conseguirlo todo. Sólo tenía que esperar, aunque eso no fuese la cosa más sencilla del mundo. Y entonces no habría nada que no estuviese a su alcance. Y tenía tanto que deseaba hacer…

- Pero Helen, si lo tiene todo, lo sabe todo… o sea – no sabía cómo seguir

- ¿Sí, mi pequeño y obtuso alumno? – Helen puso otra vez esa voz

- Quiero decir…

- ¿MmMMmmMmm? – Los ojos verdes de Helen resplandecían como si supiese el final de un chiste malo.

- ¿Por qué está… ahí? – se rascó la barbilla - ¡Joder! ¡Lo que quiero decir es que está ahí sin hacer nada!

- ¿Y por qué habría de moverse, querido? – Helen le dirigió una cálida sonrisa

- Pero… no sé. ¡Hay tantas cosas que podría hacer! – empezaba a ponerse nervioso - ¡Podría, podría… joder yo que sé! ¡ALGO!

- ¿Para? – Helen volvió abrir la sombrilla y se cubrió del inclemente sol que comenzaba a despuntar en el horizonte a una velocidad inusitada. – Él no necesita nada, querido. Sabe que puede hacerlo todo a la perfección y sin equivocarse. Sabe que podría hacer y deshacer la Creación a su antojo. Para él cosas como la misma humanidad… somos como insignificantes bacterias para él, porque sabe cosas más allá del entendimiento humano. Ha alcanzado tan altísimo grado de presciencia que es capaz de contemplar el universo entero, comprenderlo y proclamar que es más sencillo que el mecanismo de una chupete.

- No… no entiendo qué…

- No tiene retos, querido. – Helen tendió su mano para que le ayudase a incorporarse – No tiene sueños, ni esperanzas, ni deseos. No siente dolor, ni pena, ni hambre. No tiene motivación alguna en su existencia porque lo sabe y lo puede todo. Lo único que puede hacer es quedarse ahí, esperando.

- ¿Esperando? ¿Esperando el qué?

- Buena pregunta, mi pequeño e ignorante alumno. – Helen se apoyó en su alumno mientras se limpiaba la falda – Supongo que el fin de los tiempos. ¿Suena suficientemente épico para esas... tonadillas que escuchas a todas horas?

- No son tonadillas, es Heavy Metal... ¡Bueno qué más da! – gruñó – Así que la lección de hoy es aprender que...

- Depende. Puedes aprender ‘ten cuidado con lo que buscas, que puedes encontrarlo’. O puedes aprender que eso de ‘demasiado y demasiado deprisa...’ Aunque hay quien encuentra otras lecciones a estas enseñanzas.


Caminaron lentamente de nuevo por el desierto mientras el sol llegaba al mediodía y al atardecer en un latido. Las estrellas volvieron pronto a refulgir en el firmamento, y entonces como si fuese una revelación se detuvo.

- Helen... he decidido que eso no me va a pasar a mí.

- ¿Pasarte? ¿El qué? – Helen parecía sorprendida

- Eso. Lo de quedarme ahí como un idiota. Es como un mal rollo, ya sabes. Cuando te quedas lelo por meterte demasiada mierda. Tranquila. Ya lo capto.

- ¡Por los clavos de Cristo! ¡Pero niño, si ni siquiera entiendo lo que dices!

- ¡Joder! Quiero decir eso. Lo que decía el tío Ben. El de Spiderman. “Un gran poder conlleva una gran responsabilidad”. No meteré la pata, ¿ok?.

- ¿Spider... qué?

- Un superhéroe de cómic. Ya sabes... un tipo de rojo y azul, que tira telas de araña y... – Helen le lanzó una mirada de no entender lo más mínimo – Digamos que... ¿una caricatura? ¿dibujos animados? ¿Mickey Mouse? ¿El pato Donald?

- ¡Oh, hijo mío! Tienes la cabeza llena de tonterías. – Helen apretó el paso para salir del pericarpio del pequeño mundo en el que estaban confinados

- Bueno... ¿y cuál es la siguiente lección? – preguntó su alumno divertido

- No más lecciones por hoy. Enséñame tú qué es eso de los Spidermanes.

- ¡Hey! ¿En serio que no has visto nunca un cómic?

- ¡No tengo tiempo que perder en semejantes trivialidades! – pero acto seguido Helen añadió – Una vez viajé a Londres y vi en uno de esos cines unos curiosos dibujos de animales cantando. ¿Spiderman cantaba también?

- ¡¿Qué?! ¡No! ¡Pero si Spiderman es un héroe!


Sus voces se perdieron en la profundidad de la Umbra...



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MensajePublicado: Mie Jun 04, 2008 12:01 pm    Asunto: Responder citando

... y el último relato corto que escribí hace mucho...



“¿Cómo describirías tú una Senda Lunar? Bueno. Tengo entendido que los Chuchos, los Lupinos, o como quiera Dios que se llamen a sí mismos hablan de algo que se parece remotamente a los Senderos del Wick, al menos una parte de ellos. O quizás no tenga absolutamente nada que ver. ¿Qué más da? Como casi todo en la Umbra, cada cual lo ve de una forma distinta. Sé de Magos que han visto una larga escalera hecha de luz plateada que serpentea en el cielo, sé de algunos que comentaban que era un sinuoso sendero en un bosque oscuro iluminado por luciérnagas, y hay quienes se sentían volar por los aires, como llevados por una nube de algodón. Sin embargo, en todos ellos coincide la misma historia: subir.

¿Por qué subir, te preguntas? Posiblemente sea parte del subconsciente de la humanidad, para la que la Luna siempre estará ‘arriba’ y ellos ‘abajo’, por lo que aplicando la lógica, si queremos llegar hasta ella habrá que ‘subir’. ¿Por qué te hablo de esto, pequeño? Porque si no entiendes estos principios básicos sólo conseguirás perderte. En una Senda Lunar, arriba significa la Luna, abajo significa la Tierra. Si conoces a los que pululan por estos caminos es muy posible que puedas emplear estas sendas para ir donde te plazca. Más o menos.

Pero la lección de hoy no es esa. Las reglas de ‘arriba’ y ‘abajo’ son sólo las que se aplican para las Sendas Lunares. En otras partes puede que tengan otros significados. Nunca lo olvides. Antes de aventurarte en un lugar nuevo, deberías tomarte tu tiempo en tratar de desvelar sus reglas y sus dobles sentidos.

¿Recuerdas nuestro último viaje? Allí todo estaba trastocado, alterado por la voluntad del… digamos… inquilino, y su particular y especial Locura. Si hubiésemos…”

- ¿Te aburro, querido? – Helen interrumpió su perorata y lanzó una mirada acerada a su alumno - ¿Un tema de escaso interés para ti?

- No, no es que… - ocultó un bostezo – Eso ya lo sé.

- ¿Lo sabes? – inquirió Helen con ironía

- Llevamos semanas dando vueltas sobre lo mismo.

- ¿Y por qué crees tú que estoy repitiéndote esto otra vez?

Helen dejó el puntero en la pequeña pizarra y se sentó en su sillón de alto respaldo. Apoyó la barbilla en sus delicadas manos y suspiró mirando a su alumno.

- ¿Y qué sugieres, querido?

- Hu… no sé. Podríamos poner en práctica todo esto. Supongo.

La sala de lectura. Un nombre curioso para un lugar como aquel. Era un salón viejo y antiguo, lleno de cuatros, porcelanas, sólido mobiliario de madera, enormes librerías y una gran alfombra roja. Pero lo verdaderamente omnipresente eran los libros. Los había de todas formas y tamaños, desde viejos incunables trabajados en cuero y madera a las ediciones más recientes de papel basto y portadas chillones. Y lo peculiar es que se agolpaban por miles, millones. O posiblemente cientos de miles de millones de libros. La habitación en realidad no tenía techo. Las paredes se alzaban hasta el infinito, y si tratabas de mirar el techo, simplemente no veías más que las estanterías alzándose hacia el infinito. Helen le había dicho que ahí arriba en alguna parte, entre todos los cientos de legajos de papel, estaba ese libro que siempre había querido leer, pues esa era el alma máter de la sala de lectura. Los libros más comunes, como aquella edición del Principito de tu infancia, estaba siempre al alcance de la mano. Quién sabe lo que se podría encontrar varios kilómetros más arriba. Menos mal que la escalerilla que permitía encaramarse a las baldas más elevadas parecía resistir incólume cualquier peso... y no tener fin tampoco.

- Quiero decir Helen, que debería quizás tratar de ir o hacer algo por mi cuenta, ¿no? Salir, ver el mundo…

- ¿Quieres ir a alguna clase de fiesta? ¿A montar a caballo? ¿Cortejar alguna dama, quizás? Pero por supuesto, a tu edad supongo que es algo natural…

- ¡No! No me refiero a eso… pero ya que estamos, ¿podría bajarme un fin de semana a…?

- Claro que no. No tienes tiempo que perder en semejantes banalidades.

- Lo suponía – suspiró – el caso es que quiero hacer algo… algo solo.

- ¿Solo?

- ¡Sí, demonios! Llevo bajo tu ala demasiado tiempo. Quiero saber si…

- ¿Una prueba? – Helen cabeceó con seriedad

- Algo así. Necesito saber de lo que soy capaz. Creo.

Helen cogió con delicadez la taza de té de la mesita y se tomó su tiempo en saborear la infusión. Tras unos minutos de silencio, por fin pareció haber llegado a una conclusión.

- No entiendo por qué los hombres tenéis que estar todo el rato bebiendo en tabernas malolientes y tratando de ganar lo que sea a cualquier coste. Quiero decir, apostar entre caballeros es una actividad muy noble que demuestra la dignidad e integridad de los apostantes, pero no entiendo la necesidad que tenéis de hacer cosas así constantemente. ¿Y qué vas a ganar con una prueba?

- Pues tranquilidad. Así ese run-run de mi cabeza dejará de darme el coñazo.

- ¡Oh! – Helen pestañeó – Veo que ese… run-run es un gran estorbo tanto para tus lecciones como para mi tutelaje. Sea pues. Una prueba.

- ¡Genial! – su alumno parecía realmente complacido - ¡Muy bien! ¿Y qué es? ¿A dónde voy a ir?

- No no, querido. – Helen negó con el dedo - No es ir. Es volver.

- ¿Qué?

Helen cogió una estilográfica con la mano y la apoyó sobre un pequeño libro en blanco que descansaba sobre la mesita junto al libro de té. Con unos trazos rápidos y elegantes, dibujó una intrincada runa ocupando toda una página. Entonces, su alumno fue lanzado al aire, reducido y escurrido dentro de la runa. Cuando sus exclamaciones de sorpresa hubieron finalizado, Helen cerró el libro.

- Bien. Y ahora que tengo tiempo libre. ¿Qué podría hacer? – Helen se tomó unos minutos de meditación, hasta que dejó escapar un bostezo – Bueno, este es tan buen día como cualquier otro para ponernos a tono con las nuevas corrientes y rugientes culturales de ahí abajo. ¡Sí, eso haré! Bajaré a comprar un aparato de música y alguno de esos discos plateados que mi querido alumno escucha continuamente. A lo mejor tiene razón y no son sólo estruendo…



^_^



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Conan
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MensajePublicado: Vie Jun 06, 2008 12:50 pm    Asunto: Responder citando

QUÉ BUENOS, QUÉ BUENOS, QUÉ BUENOS!!!!

Me has dado unas ganas de jugar a Mago...



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Ahora molaría la canción de Reservoir Dogs...
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MensajePublicado: Vie Jun 06, 2008 1:01 pm    Asunto: Responder citando

Ya te digo!


Masterblaster, a ver si nos montas una partida algun dia RazzRazzRazz



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Masterblaster
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MensajePublicado: Vie Jun 06, 2008 1:55 pm    Asunto: Responder citando

No puedo.

... y no lo digo porque no tengo tiempo. Es que sencillamente no puedo. Mago para mí es como AD&D: casi Religión. Necesito primero obsesionarme con algo, que no se me quite de la cabeza durante semanas, y tras una enorme dosis de creatividad otra igual de paranoia.

Lo único que podría ofreceros son campañas anteriores ya hechas, y tendría que reescribirlas (las destruí). De todas formas os advierto que no tengo la menor intención de dirijir si no es según mi 'modo nazi más extremo'.

A demás, creedme cuando os digo que no sabéis lo que pedís. Soy bastante insoportable con esto de Mago.

Actualmente tengo a una joven Pawadana a la que estoy instruyendo y echando un cable para que dirija ella. No sé por qué pero no se me ocurren tramas que me gusten, así que me dedicaré a hacer escenarios, situaciones y personajes para que ella dirija. Hablad con ella. ^_^



Masterblaster



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MensajePublicado: Vie Jun 06, 2008 2:46 pm    Asunto: Responder citando

Okiz, tranki no pasa nada


Si eso ya le comentare a tu padawan la proxima vez que la vea


Wink




PD: Y si alguien se anima a jugar a Mago: El Despertar, que me lo comunique



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MensajePublicado: Dom Jun 08, 2008 1:22 pm    Asunto: Responder citando

Mago: El Despertar no existe. Es un producto de tu imaginación.



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MensajePublicado: Lun Jun 09, 2008 10:44 am    Asunto: Responder citando

- Hum, hum… me pregunto dónde tendrá este muchacho los puchero – Helen abrió una puerta del armario - ¡Ahá! Perfecto. Puede valer.

Helen se había plantado en casa de su desastroso alumno de improviso. Y como suele ocurrir, había mandado a la porra lo que tenía pinta de se una tarde tranquila. Tuvo que sufrir al verla pasearse con aire de condescendencia mientras removía su cuidadosamente desordenado piso, ordenándolo todo como una exhalación sin detenerse. Y sin parar de hablar todo el rato.

- Helen… déjalo. Puedo pedir algo al Chino de la esquina – murmuró

- ¡Pedir comida a un restaurante! ¡¿En tu estado?! – Helen parecía indignada – Deja de decir sandeces. La fiebre ha debido de provocarte alucinaciones y no razonas correctamente.

Maldijo por lo bajo. En buena hora había pillado un resfriado. Y todo por ir al puñetero concierto y dar botes bajo la lluvia. Maldita sea. Lo peor era esta maldita resaca...

- ¡Un caldo de carne y verduras! – gritó Helen – No hay nada mejor que un caldo caliente, te lo digo yo. – Helen se puso a cortar verduras – He conseguido traer un hueso de ternera bastante bueno, creo yo que podremos hacer sopa para varios días.
Lo que faltaba…

- De todas formas la gente era extremadamente poco considerada en aquella carnicería – continuó - No hacían más que mirarme y cuchichear. ¿Acaso comentaba yo lo horripilantemente poco elegante que eran sus ropas de colores chillones? ¡Abrase visto semejante falta de educación!

La mera imagen de Helen entrando en la carnicería del barrio cargando un enorme capazo de mimbre y ataviada con su antediluviano vestido y su delantal le hicieron soltar una divertida risilla. Algún día, se dijo, tendría que llevar a Helen de compras. Posiblemente no conseguiría que se pusiese unos vaqueros pero merecía la pena intentarlo.

- Hum… - Helen trasteó un poco con los mandos del fogón y de repente se escapó un chorro de gas - ¡Huy. Huy, huy! ¡Maldito aparatejo!

- ¡Helen! ¡¿Estás bien?! – se mareó un poco al levantarse

- ¡Sí, sí! ¡Todo bien! – Helen apagó el fogón – ¿Dónde tienes las cerillas?

- ¿Crees que te voy a dejar las cerillas después de lo que he visto? – rió su alumno – En el cajón de la derecha. Enciende primero una y ponlo junto al quemador. Luego ábrelo hasta el cuatro.

- Bueno, eso me parece que ya es innecesario. Por el amor de Dios misericordioso, cocinar se ha vuelto un verdadero peligro.

Se escucharon unos pasos desde la cocina, y de pronto apareció Helen cargando un humeante puchero. Lo posó en la mesa frente al sillón donde estaba tumbado y empezó a darle vueltas al contenido con un cucharón. Se fijó en que el puchero tenía un intrincado diseño hecho con tiza sobre uno de los laterales.

- Mestra… - sonrió con malicia – Se puede saber qué…

- ¡Bueno, a callar! – frunció el ceño – Nunca he tenido paciencia para esto de todas formas, así que aceleré un poco las cosas. Cocinado en un instante lo que llevaría unas horas.

- ¿Y ahora pretendes que me lo tome, verdad? – tosió un poco.

- ¡Por los clavos de Cristo! – Helen sirvió un cazo en un plato - ¿Para quién crees que lo he preparado? Ahora tómatelo todo.

- ¡HEY! – echó la cabeza para atrás cuando Helen trató de darle una cucharada - ¡Sé comer solo!

- ¡No digas bobadas! ¡Estás enfermo! – Helen le lanzó una mirada de las que no admitían discusión alguna - ¡Incorpórate, cierra la boca y come!



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MensajePublicado: Jue Jun 12, 2008 12:41 pm    Asunto: Responder citando

(Este relato lo encontré por ahí perdido. Va justo antes del anterior, en secuencia con el viajecito del alumno. Aunque es una historia vieja, se la dedico a mi Padawana, a ver si le inspira)



- Sí, eres idiota.

Se dió la vuelto como golpeado con una fusta, casi con violencia, con la mirada cargada de frustración, pero frente a él estaba, como simpre, la vieja y fastidiosa Helen.

- No es un buen momento... - se volvió a mirar el lejano horizonte, donde una fastuosa luna llena iba emergiendo lenta, solemne.

- Lo sé. Pero eso no quita para que sigas siendo un idiota. Mi idiota. Y mientras sigas siendo mío tendrás que aguantarme. Hazme un sitio, querido.

Helen se recogió la falda, dio un paso precario sobre la arena y se sentó en la misma gruesa rama que su alumno. Éste se obligó a mirar a lo lejos, tratando de contener la oleada de sentimientos contradictorios que volaban por su cabeza.

- ¿Y bien? ¿qué vas a hacer?

- ¡Maldita sea! - agarró con fuerza la madera en la que se sentaba - ¡Es que es tan...! ¡Tan...!

- ¿Difícil? - Helen sonrió con amargura - Lo sé, Te avisé de los efectos de este mundo, querido. A veces el descuido más banal puede...

- ¡Déjate de sermones por una puta vez!

Apartó la mano de Helen y estuvo a punto de marcharse, pero un sollozo profundo y amargo le cortó el aire. Se vio de pronto llorando, ríos de lágrimas bañaban sus mejillas y manchaban el suelo.

- Sea. Ahora siéntate y descansa.

Helen se quitó los anteojos y los dejó colgando de sus delicadas cadenitas. Con ranquilidad, sacó un paño y limpió sus prístinas lentes.

- No eres el único que ha caído, ¿sabes?. Yo también fui joven y enamoradiza. En aquellos tiempos... bueno. Digamos que ocurrió, dolió, y cicatrizó.

Repentínamente la brisa de la noche volvió, y las hojas de los árboles se mecieron plácidamente. En realidad Helen no lo había planeado, no esperaba que ella estuviese aquí. Si las circunstancias hubiesen sido otras, si lo hubiese sabido, su alumno ahora estaría en casa, ignorante, y esto nunca hubiese ocurrido.

- ... pero dejan huella.

Su alumno calló de rodillas, la abrazó y lloró. Helen le acarició el pelo mientras le susurraba palabras de consuelo.






- No debiste haberte inmiscuído, hermana.

La voz de Sueño se adelantó a su manifestación corpórea. Su enorme capa negra brotó del suelo en un suspiro, y de entre las sombras apareció el severo y pálido rostro del amo y señor de las pesadillas. Era realmente majestuoso, magnífico en su porte y de gestos señoriales, pero demostraba la misma arrogancia que un emperador destronado. Clavó sus ojos llenos de noche en la pequeña figura que, sentada en una roca, miraba a lo lejos a los dos humanos que acurrucados el uno contra el otro se sostenían sus penas y dolores.

- No fui yo. Él vino a mi.

- Sigo pensando que aún así...

Muerte se volvió hacia Sueño y se puso de un brinco en pie. Se acecó a él enfada y le amenazó.

- ¡Ya basta! ¿No ves lo que estás haciendo?

- ¿Lo que estoy haciendo? - preguntó dibidativ Sueño

- ¡¿Acaso no lo ves?!

Sueño se quedó mudo por un instante. Ella siempre había querido aprender de los humanos. Sin embargo, aquello no estaba en los planes. No estaba bien.

- No

Muerte se llevó la mano a la frente, como si le doliera repentínamente.

- Nunca jamás lo entenderás, hermano.

- ¿Entender el qué? ¿Qué debo entender?

Muerte recogió su chaqueta del suelo y se la puso con energía. Se arregló la melena y volvió la vista de nuevo hacia la playa. Frunció el ceño y se preguntó si sería necesaria una explicación y una disculpa. Supuso que no era el mejor momento y, de todas formas, tarde o temprano volverían a verse. Por un instante Muerte deseó poder sentir tristeza o lástima por el pequeño humano que tan inocentemente se había acercado a ella, pero cualquier sentimiento humano era tan contrario a su naturaleza que símplemente fingirlo le resultaba imposible.

- Vámonos, hermano.

- Como desees hermana, pero creo que me debes una respuesta después de...

- Sí, por supuesto.

Ambos comenzaron a andar fuera de los límites del mundo, hacia las sombras Umbrales.

- ¿Cómo puede ser que teniéndolos la mitad de sus vidas en tu reino seas incapaz de comprenderles? ¿Tú, el más responsable de los Siete?

- ¿A quienes? - Sueño parecía confuso

Sus voces se perdieron en la Umbra...



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